jueves, 15 de marzo de 2007

Talla 34

Menudo pitote se ha montado este año con las modelos de alta costura en la Pasarela Cibeles. Y, no es para menos. En cuanto vemos a las jovencitas desfilando por las pasarelas con tallas inferiores a la 38 y evidentes signos de trastornos alimenticios y rasgos enfermizos, volvemos a poner sobre la mesa un problema que afecta actualmente a nuestra sociedad de forma alarmante: la anorexia y la bulimia.

Todo lo que podemos decir de esta lacra social no es nuevo para nadie. Llevamos muchos años denunciando el poder de las modelos en la difusión de una nueva forma de vida para nuestras jóvenes y adolescentes y aún recuerdo unas declaraciones publicadas en "El País Semanal" de 20.XI.94, en las que el diseñador Calvin Klein, defendiendo a su polémica y recién estrenada imagen, Kate Moss, cuando se le denunciaba por hacer apología de la anorexia, afirmaba: “Al enseñar mi ropa prefiero enseñarla en personas delgadas. La ropa sienta mejor a la gente que cuida de su cuerpo y que esta delgada. La imagen es importantísima.”

Desde entonces, no nos extrañamos de ver modelos anoréxicas en sus pasarelas e, incluso, que hace unos años el propio CK se atreviera a promocionar un perfume llamado: Anorexia.

Es una realidad evidente que los diseñadores, publicistas y medios de comunicación son los encargados de crear y difundir el modelo de belleza vigente en la sociedad actual: hombres y mujeres guapos, jóvenes y, con un cuerpo escultural, que aparece continuamente en vallas, pasarelas, spots televisivos y revistas. Los vemos en las pasarelas y nos creemos - porque nos lo venden así- que estar delgado, ser joven y guapa suele ir generalmente asociado a la felicidad personal, al éxito laboral, y a la fama en las relaciones sociales.

Por eso ¿cómo nos vamos a llevar las manos a la cabeza al conocer los resultados de una encuesta publicada por la firma de cosmética DOVE, donde sólo un 6% de las mujeres españolas se considera atractiva y no llega al 1% las que se declaran guapas? Como refleja la encuesta, el problema más grave con el que se encuentra la sociedad, es que el 78% de las mujeres se considera mucho menos atractiva físicamente de lo normal, de acuerdo con la actual definición de belleza. Si a este estándar irreal de belleza que se nos presenta, le añadimos que el 45% opina que las mujeres que son más guapas tienen mejores oportunidades en la vida y el 56 % coincide en que las mujeres más atractivas están más valoradas por los hombres, se produce la lógica reacción, de que 4 de cada 10 españolas estén completamente de acuerdo con la frase: "cuando me siento menos guapa, me siento peor conmigo misma en general".

Esta “obligación” de estar guapas y la presión social a la que la mujer esta sometida y expuesta diariamente, hace que se asuma con cierta “normalidad” el lema: “Inténtalo, te lo debes a ti misma” o, “Merece la pena, si no la culpa será exclusivamente tuya”. Así que las mujeres no tienen más remedio que aceptar de buen grado la pérdida de peso basada en dietas exageradas, ayunos forzosos y ejercicio físico excesivo. Muchas saben perfectamente, y lo asumen conscientemente, que su decisión lleva consigo una malnutrición de la que derivan unos cambios físicos (pérdida de peso, debilidad muscular, pérdida de cabello, fatiga, hipotermia...) y unos cambios emocionales (como no se sienten contentas con sus cuerpos y se ven gordas, se aíslan, cada día mas, de la vida social y familiar) que hacen peligrar el equilibrio entre el buen funcionamiento físico y psicológico por un objetivo claro: El fin justifica los medios. La idea de adelgazar se convierte en una verdadera obsesión y no se dan cuenta que se convierten en “carne de cañón” de caer en las redes de los trastornos de conducta alimenticia, concretamente, la anorexia y la bulimia, una de las epidemias “de moda”. Según los expertos consultados, aproximadamente, cada primavera, 2 millones de españoles inician dietas y otros procedimientos para adelgazar, de los cuales 430.000 son considerados enfermos de alto riesgo de ser afectados por este tipo de enfermedades.

A este respecto, Enrique Rojas y Javier de las Heras, durante el curso "Trastornos de la personalidad: de la anorexia-bulimia a la personalidad inmadura", celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo explicaron que: “La anorexia, la bulimia o el narcisismo son algunas de las enfermedades mentales que se encuentran en progresión entre los adolescentes y los jóvenes españoles, a las que solamente una educación que ‘saque lo mejor de uno mismo’ puede hacer frente." Y añadían “la presión social que potencia la delgadez y la juventud como valores supremos está aumentando frustraciones y patologías entre los menores. La cultura del éxito y una educación demasiado permisiva está en la base de la proliferación de este tipo de problemas "(El culto al cuerpo y a la imagen externa que transmiten machaconamente las revistas de moda para adolescentes y los regímenes ‘milagro’ están en el origen de ambas enfermedades)”

De manera que es una consecuencia lógica y nos debería hacer reflexionar a todos, las afirmaciones que encontramos en cualquiera de los miles de chats pro-anoréxicas, que circulan por Internet: “Ojala en la Televisión, cambiaran los estereotipos físicos, porque nos están matando a tod@s los jóvenes.” A lo que otra comentaba: “toda esta clase de problemas, como decía una cantante "es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente". Justamente, la primera semilla viene de la prensa, de las revistas. La idealización de las modelos y de la delgadez. La critica feroz a cualquier persona famosa que haya ganado algunos kilos. El mensaje es clarísimo: aceptada si eres delgada, rechazada si eres gorda. Luego esta la dejadez de los padres, pues muchos fomentan el ponerse a dieta o simplemente no prestan atención a la delgadez de su hija. No sabes cuantos padres se sorprenden cuando su hija termina en un hospital a causa de desordenes alimenticios.”

Como madre y, después de este impresionante testimonio, soy consciente de que todas las partes implicadas debemos asumir, sin tardanza, la responsabilidad que tenemos en este tema. ¿Contrarrestamos la influencia de la publicidad, bombardeando a nuestros hijos con modelos positivos y reales? A la hora de ir de compras con nuestras hijas, ¿nos dejamos influir por la moda, sin tener en cuenta, que nuestra hija vale por lo que es y no por como se viste?,¿Observan los hijos, en nuestro comportamiento y conversaciones, que valoramos el físico de una persona, antes que la inteligencia, el saber estar, la laboriosidad, el compañerismo, la sinceridad, etc.? ¿Somos un buen ejemplo para ellos o vivimos bajo la influencia de la moda?. Podríamos hacernos miles de preguntas y llegaríamos a una misma conclusión: también nosotros, con la madurez que nos dan los años, nos vemos atrapados en las redes de esta cultura a la que podríamos bautizar como, CCC: Cultura del Culto al Cuerpo.

Me gustaría aprovechar para llamar la atención a los padres, los medios de comunicación, las empresas publicitarias, la industria de la moda y, la de cosmética:

Señores, con la creación de estos modelos estamos cruzando él límite permitido entre salud y belleza. Estamos concibiendo generaciones de mujeres enfermizas, cuya única obsesión es vivir la perfección y convertirse en una “Mujer 10”: siempre alegre y optimista, esposa perfecta, madre cariñosa y modélica, trabajadora incansable y con éxito profesional, con tiempo para las amistades y las relaciones sociales, atractiva, deseable, deportista y con un cuerpo espectacular. ¡Y, todo esto, sin probar bocado!